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El sepelio de Fabricio Romero estuvo lleno de banderas amarillas, en la provincia de El Oro. Fotos de Pueblo Amarillo.

«Barcelona, yo te sigo de pie de la vida hasta la muerte, por eso cuando muera, desde el cielo, a escondidas vendré a verte». El cántico se entonó con más fuerza entre quienes llevaban camisetas amarillas y negras -pasión y luto juntos- en el pequeño pueblo de Barbones, que como nunca antes fue testigo del crimen de uno de los suyos, producto de la sinrazón.

¿Por qué lo mataron al Chocho, como le decían al joven Fabricio Romero Rentería, de 19 años.

Hincha muerto

El domingo 21 de febrero, Barcelona jugaba en Guayaquil contra Fuerza Amarilla, el equipo que representa a Machala en la primera categoría del fútbol ecuatoriano. Pero ni eso ha disminuido la afición que tiene el Ídolo del Astillero en la capital de El Oro. Por eso, como siempre, un grupo de fanáticos se reunió en el Parque de los Héroes como punto de encuentro para partir hacia el estadio Monumental.

El Chocho era un barcelonista desde siempre. Un joven que en la Sur Oscura machaleña metía mucha bulla, se sabía todas las canciones que se gritan en las gradas. Y ese domingo embarcó el bus de la cooperativa CIFA con la alegría de siempre. Ese ánimo fue interrumpido apenas salían de Machala, cuando el bus fue seguido por una camioneta ocupada por un grupo de hombres, supuestos hinchas rivales. Ese vehículo movilizaba un sujeto armado que no tuvo reparos en disparar. Lo hizo dos veces. Un proyectil impactó en la llanta de emergencia del bus y el segundo dio en el cuerpo de Fabricio.

«Viajábamos cerca de 40 personas, no les importaba que habían mujeres y niños, no sabemos porque tanto odio», dijo uno de los testigos, quien también vio desplomarse al joven, pensando que se había desmayado. Nadie había captado, en ese momento, la gravedad de la situación.

Lo cierto es que Fabricio Romero fue herido de muerte y nada se pudo hacer.

Su madre Deysi Rentería, durante la velación, repetía pedidos de justicia.  No podía entender como la afición de su hijo pudo provocar que alguien lo asesine.

Después vino la detención de dos sospechosos, la ubicación de la camioneta de donde bajaron los atacantes  y el llamado a la paz de las autoridades, como lo hizo el gobernador de El Oro Carlos Zambrano. Mientras que otros hinchas, en las redes, clamaban venganza. Una espiral de violencia entre fanáticos del fútbol que desde diciembre deja como saldo un hecho de sangre mensual en el camino: el 5 de diciembre pasado un acuchillado dentro del Olímpico Atahualpa, el 25 de enero de este año otro acuchillado en los exteriores de la Casa Blanca y febrero, que cuenta a Chocho como una víctima mortal más.

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