Buenos días señorita. Hoy he regresado al Registro Civil por el mismo asunto de la vez pasada. Es que no me dan solución. Pasan los días, semanas, meses, años, y yo sigo igual. Sigo estando muerto y yo estoy vivo. Si hay que hacer una declaración juramentada, yo la hago. Les juro que estoy vivo. Pero esta es una situación que me tiene mal, porque ni siquiera puedo trabajar. Lo primero que hacen es pedirme papeles y entonces aparece mi inscripción de defunción en donde consta que yo fallecí el once de marzo de 2010, en el hospital de la Policía Nacional de Quito. Sí, yo, Freddy José Zambrano García, con cédula número 091331553-7, estoy legalmente muerto, porque así consta en este Registro Civil. Me morí con una tuberculosis pulmonar activa.

Legalmente muerto. Después de nueve años de inscrita su defunción, Freddy José Zambrano García, sigue muerto en el Registro Civil. El detalle es que él está vivo. Y desesperado.

Llevo muerto legalmente nueve años. Y todo esto empezó hace catorce años cuando, como suele ocurrir en Guayaquil, asaltaron el bus en que venía, por las avenidas Quito y Portete y se llevaron mi cédula. En ese momento, pude sacar en el Registro Civil otra, sin problema. Tiempo después, al ingresar a trabajar a una empresa, me pidieron récord policial y ¡oh sorpresa! registraba cuatro detenciones sin yo haber cometido nunca ningún delito. Entonces supe que había una suplantación de mi identidad. ¿Cómo puede alguien suplantar la identidad de otra persona? ¿Cómo puede aparecer la foto de otro hombre en la cédula con mis datos, en un papel oficial emitido por el Registro Civil? ¿Cómo puede pasar esto?

Ahora no estoy empadronado, porque legalmente sigo muerto. Y aunque he escuchado casos de muertos que sí han votado, yo soy uno de los muertos que no puedo votar. El hombre que suplantó mi identidad -con ayuda de quien, no sé- anduvo en malos pasos, estuvo preso en el antiguo penal García Moreno de Quito y allí enfermó de tuberculosis. Luego murió, con mi nombre, con mis datos. Legalmente, el muerto soy yo. Y no entiendo porqué, si este es un problema que yo no lo causé, ahora resulta que yo tengo que solucionarlo. Eso me cuesta dinero. Movilizarme a cada rato al centro de Guayaquil, me cuesta dinero, que no tengo. Ahora mismo estoy desempleado. Hasta hace un par de meses tuve una ocupación en Posorja, pero eso se acabó. No puedo estar afiliado al IESS, no puedo tener Seguro Social. Sin papeles, es todavía más difícil conseguir trabajo. Si la gente que no tiene mi problema, no consigue trabajo, imagínense como estoy yo.

La denuncia respectiva, como corresponde, presentada en la Fiscalía por usurpación de identidad. De eso, hace ocho años. ¿Cómo es posible que haya pasado tanto tiempo y este hombre siga legalmente muerto?

Yo pensaba que solo podían robarme mis pertenencias, mi teléfono, mi billetera, mis zapatos. Cosas que se pueden recuperar. A mí me robaron mi identidad y no la puedo recuperar desde hace casi una década. Me han dicho que es mi culpa, que no he contratado un abogado, que no he hecho todos los trámites que deben hacerse. Que un juez debe declarar, en sentencia, que efectivamente, me suplantaron la identidad. Yo no tengo dinero para pagar abogados. Siempre estoy con las justas. Necesito ayuda. Esto me ha provocado depresión, ansiedad. Ha hecho que tenga pensamientos tontos, como que si ya estoy muerto en papeles, mejor me muero otra vez, en la realidad. Ahora me repiten que tengo que viajar a Quito. Eso cuesta. Aquí lo dicen de una manera tan sencilla, como si todos tuviésemos las facilidades de viajar, así nomás. No entienden que para un pobre gastar cuarenta, cincuenta dólares, es plata. Que no tenemos.

No pierdo las esperanzas que, ahora sí, pueda solucionar este problema. Es que ya ha pasado mucho tiempo. Ya he esperado. Ya he tenido bastante paciencia. Ya me toca.

Hombre de fe, al fin y al cabo, Freddy Zambrano García no pierde la esperanza de que, una década después, pueda volver a tener una vida normal.

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