«…como un Milagro se sentó a mi lado

y en lo primero que me fijé fue en su Zapotillo

en su Zapotillo que al verla se me chorreó la Baba

y El Guabo se me puso Troncal y sin dudarlo le pagué el Pasaje.

Cuando llegamos a Guayaquil me ofrecí para ser su es Colta y llevarla hasta su casa

un vecino me dijo «Buen provecho». Si Chilla, Deleg…»

Todo declamado en medio de risas dentro de la cabina de la estación Canela, con la voz inconfundible de Loro Homero, a quien en esa ocasión -hace más de diez años ya- se le ocurrió hacer un poema intercantonal en el que mezclaba los nombres de las poblaciones más recónditas junto a las más grandes, recurriendo como siempre al infalible doble sentido para ocasionar la gracia en los miles de oyentes del exitoso programa radial.

Quien escucha o ha escuchado Canela conoce a Loro Homero y entiende perfectamente porqué ahora fue elegido como el nuevo alcalde de Quito. Se ha reído durante años con él. Y gracias a él. El taxista o el conductor de bus, junto a sus pasajeros, que viven largas jornadas cargadas de estrés y smog, tienen en el Lorito -así lo tratan muchos- una válvula de escape para disfrutar por un momento de los chistes que son fruto de la propia idiosincracia ecuatoriana. Sí, se trata de reírnos de nosotros mismos. Eso lo entendió desde sus inicios Jorge Homero Yunda Machado, el Loro Homero, y aquello resultó ser la fórmula para su éxito empresarial. Yunda consiguió fortuna con el humor, porque es un hombre millonario, y ahora pretende extender esa misma esencia a la política. Mal no le va. En dos elecciones que ha presentado su nombre, ha ganado. La más importante, la alcaldía de Quito, superando a quien se consideraba favorito, el General Paco Moncayo.

El soldado raso y de tropa Yunda le ganó al General y héroe del Cenepa Moncayo.  En la política y en la guerra suelen pasar estas cosas. La bien montada y confiada maquinaria electoral de la Izquierda Democrática, que incluyó a su ícono Rodrigo Borja, fue derrotada por el trabajo de hormiga que viene haciendo desde hace veinte años Yunda, valiéndose de la poderosa arma de la comunicación. Sin necesidad siquiera de contar con un partido político, que no lo tiene Yunda. Por eso acudió como muchos a una marca registrada en el CNE, una que pertenece al ex Fiscal General Washington Pesántez, sin compromiso político alguno. Yunda ganó por ser el Loro Homero, una figura popular que no es conocida únicamente en Quito. Ojo, al Lorito lo conocen en todo el país. Gracias a la radio.

UN NIÑO SIN RADIO Y SIN TV

La humilde casa en la que vivió su niñez Jorge Yunda Machado, en el cantón Guano, en Chimborazo.

Lo paradójico es que el niño Jorge Homero, nacido en 1965, creció en el cantón Guano de la provincia de Chimborazo, en donde ocho de cada diez de sus habitantes viven bajo la línea de pobreza. Homero, como todavía le dicen por estos fríos páramos, fue uno más de la gran mayoría de menores que nunca tuvieron en sus humildes casas ni una radio y mucho menos un televisor. Ni siquiera había luz eléctrica. Así que comunicación con el mundo, cero, por estas tierras. Lo que nunca faltó, a más de la oscuridad por las noches, fue la naturaleza y los animales. «No pude haber tenido una mejor niñez», dice el protagonista de este perfil. Su amigo de la infancia Édgar Herrera recuerda que Jorge vivió junto a «sus abuelitos y ahí demostró su don de bondad, de ternura, lo noble que es». Sus abuelos eran analfabetos y la tasa de personas que no saben leer ni escribir en Guano, sigue siendo considerable a la época actual: 14% en las mujeres y el 7% en los hombres, según cifras del INEC.

A Quito llegó cuando tenía once años y pasó a vivir con su papá quien se dedicaba al oficio de zapatero y a su madre, que era costurera. Se instalaron en el Centro Histórico, en el barrio de San Roque, donde en cada esquina solo se respira quiteñidad. Fue aquí en donde conoció a fondo la esencia del capitalino y se hizo uno más, adoptando como carta de presentación su facilidad de palabra, su don de buen conversador. Tanto hablaba que le pusieron «Loro» al Homero, creando el personaje que perdura hasta hoy. Graduado del colegio, decidió estudiar medicina en la Central y terminó siendo médico cirujano. En el hospital Eugenio Espejo, en el hospital del Sur y en la maternidad Isidro Ayora todavía recuerdan su paso por esos quirófanos, pero la medicina solo fue una etapa que pronto tendría fin.

Ah, la música. Como buen bohemio chulla, la banda musical no podía estar ausente de su vida. Y en los noventa fue el boom de Sahiro, el grupo que ponía románticos a los jóvenes con melodías del recuerdo. Yunda fue el bajista que recorrió junto a sus compañeros prácticamente todo el país interpretando «Mi destino es como el viento», «Perdóname» o «Mi compañera». Esta fue también una buena época, que significó el inicio de la faceta de empresario artístico, como representante de nuevos grupos que se iban creando al ritmo de la nueva ola musical: la tecnocumbia. Se había creado la firma La Herencia Musical, que a su vez representaba a un grupo de chicas jóvenes con voces melodiosas que sonaban en las radios más populares: Tierra Canela. 

Los tiempos de Tierra Canela y radio Canela casi van de la mano y no parece una casualidad. Fueron los inicios de lo que actualmente es la radio más popular y una marca de éxito garantizado, en palabras de su creador. La propiedad del nombre Canela no estuvo exento de litigio en el Instituto de Propiedad Intelectual, porque el periodista Wilson Cabrera reclamaba que él puso primero ese nombre a su radio que funcionaba en Macas, Morona Santiago. El IEPI le había dado, en primera instancia, la razón. Pero tiempo después le quitó el derecho de ese nombre y se lo dio a Yunda, que para entonces ya tenía un alto impacto en las radios ecuatorianas y era buscado con afán por políticos interesados en más votos para que los inviten a sus cabinas a contar «cachos». Con Yunda y su staff de graciosos locutores, los políticos podían mostrar sus facetas alegres, amables, tolerantes y risibles. Loro Homero casi a todos les daba espacios, a unos más que a otros. En 2006, apareció un novel político que se burlaba bastante de los demás, especialmente del ex presidente Lucio Gutiérrez, a quien remedaba con mucho placer: era Rafael Correa.

YUNDA Y EL PODER

Yunda ahora repite con insistencia que nunca ha estado afiliado a un partido político. Pero aquí hizo campaña vestido de verde AP.

 

Jorge Yunda ahora repite con insistencia en que nunca ha estado vinculado con ningún partido político. En las firmas plasmadas en un registro electoral, sea como militante o adherente, puede tener razón. Pero las primeras imágenes suyas junto a políticos victoriosos, son junto a los miembros de Alianza País y los correístas de entonces. Cuando llegó al poder, Correa lo invitó a presidir el CONARTEL, la oficina encargada de regular y controlar las radios del país. En casos así, cuando se está al frente de un sector del que se es miembro, suele decirse que se es «juez y parte». Ni a Correa ni a Yunda le importaron esos detalles. Fue en esa época que llevó a trabajar al Conartel a su pariente Christian Hernández Yunda, como se lo recordó la periodista Janet Hinostroza. Yunda le respondió que Hernández Yunda es un abogado experto en telecomunicaciones, uno de los mejores, y por eso ha estado vinculado en esos temas. Inclusive tiempo después, en la oficina que reemplazó al Conartel, la Arcotel.

El nombre de Yunda sonó bastante durante el proceso del concurso para la adjudicación de frecuencias, que terminó finalmente suspendido por la Arcotel el año pasado. Fue la Contraloría la que observó irregularidades y dijo que un grupo de familiares de Jorge Yunda había presentado cerca de 40 solicitudes de frecuencias y Yunda se defendió: «yo no puedo responder por otras personas, como Jorge Yunda no estoy participando», respondió en Teleamazonas. En ese tema, Yunda es hábil en envolver las respuestas y salir siempre bien librado. Explica que no es verdad aquella afirmación que publicó la ONG Fundamedios de que se ha convertido en el nuevo zar de las radios del país y lo dice tranquilo: actualmente ya no tiene a su nombre ninguna concesión de frecuencia de radio. Sí es el dueño de la empresa Canela que vende contenidos a muchas radios del país. Contrata locutores, periodistas, artistas, conciertos, gente del espectáculo, para ofrecer entretenimiento. Y en eso, le va de maravilla. Radio que adquiere sus servicios de contenido, crece en sintonía como sube la espuma de la cerveza. Eso es muy diferente a tener el cuasi monopolio de las radios como se ha dicho. Lo dijo así al autor de esta nota: «Vea, cómo será, que el Crudo

«Crudo Ecuador que hizo esta gráfica, me pidió disculpas. Dijo que no tuvo otra, que entonces trabajaba en Fundamedios», dice Yunda.

Ecuador ha sido quien hizo la gráfica para el tema que publicó Fundamedios. ¿Y sabe qué? Me lo encontré en Quito y me pidió disculpas por haber hecho eso. Dijo que entonces trabajaba ahí y no tuvo otro remedio».  Yunda dice que aceptó las disculpas.

TODO LE SALE BIEN…O CASI TODO

El estreno de Yunda en la política electoral fue en 2017, cuando participó para la Asamblea, por Alianza País. Ganó sin dificultades, en un momento en que la aplanadora verde correísta arrasaba con todo. De legislador, tuvo un estreno generoso, al hacer pública su decisión de donar su sueldo mensual a los más necesitados, hecho que quedaba registrado por su equipo de comunicación durante sus visitas a orfanatos y albergues. Después vino el divorcio entre Correa y Lenin y el locutor de Canela se consideró como uno de los hijos perjudicados por la belicosa separación. «Estoy como esos niños que no saben si irse con el papá o irse con la mamá», dijo con su conocido tono de ingenuidad. Finalmente, optó por un discreto alineamiento con el morenismo. En una de sus intervenciones dentro del pleno, en junio de 2017, adoptó una posición respecto al escándalo de corrupción de Odebrecht: «Si tenemos que llamar a la Asamblea a mi santa madre, la llamamos, pero con pruebas», fue una de las cosas más destacadas que dijo como legislador, un cargo en el que mantuvo un perfil bajo, sin mayor fiscalización e intervenciones sin mayor trascendencia. A Yunda sí lo convencieron las pruebas con las que sentenciaron al ex vicepresidente Jorge Glas, pero aún así ha sido cuidadoso en sus adjetivos al referirse ya sea a Glas o a Rafael Correa. En términos generales, Yunda no busca bronca con nadie ni tampoco depende de algún líder político para tomar sus decisiones. No tuvo el apoyo que buscaba de Alianza País para su candidatura a la alcaldía y no hubo lío: buscó otro partido y se lanzó por su cuenta. «Él es visionario, es emprendedor y muy desprendido. En todo lo que se mete, le va bien», relata con orgullo y convicción su hermana Lilia. Podría tener razón, si no se toma en cuenta su paso por la presidencia del club de fútbol El Nacional, del que es hincha desde cuando era niño y del que llegó en 2013 a ser su presidente, el único que no ha sido parte de las Fuerzas Armadas, una tradición del Nacho. En la dirigencia futbolística no le fue tan bien y eso que inyectó de sus recursos USD 1 millón para intentar solventar las deudas del club. No fue suficiente. Yunda renunció después de dos años de estar al frente de El Nacional, tiempo en el que consiguió solo decepciones deportivas y económicas. Su sucesor en el cargo, el general Tito Manjarrez, declaró que la gestión de Yunda en la presidencia del club «fue desastrosa».

«A mi hermano en lo que se mete siempre le va bien», dice Liliana Yunda. En la presidencia de El Nacional no le fue tan bien que digamos.

Lo que ocurra durante la gestión municipal de Jorge Yunda es una incógnita. No será el primer radiodifusor en dirigir la ciudad, pues en los 80 ganó el cargo el «maestro Juanito», Gustavo Herdoíza, el propietario de la otrora popular radio Tarqui. De Herdoíza en la Alcaldía, los quiteños no guardan gratos recuerdos. Esta referencia solo sirve como un antecedente histórico, que se complementa con el porcentaje de respaldo con el que Yunda asumirá el cargo: un 21.39% de quiteños votaron por él, uno de los más bajos con los que ha ganado un político la alcaldía. Aún así, Yunda es optimista y ha comenzado con bríos el proceso de transición: ya se reunió con el alcalde saliente Mauricio Rodas, con el presidente Lenin Moreno, con el alcalde de Medellín para asesorarse con lo del Metro. La Historia lo encontró en el aeropuerto de Guayaquil y la pregunta fue si venía a reunirse con el alcalde Jaime Nebot. Dijo que no, que por el momento no era necesario, que sus visitas a Guayaquil son por sus negocios personales. Loro Homero no pierde el tiempo y arma su equipo de trabajo con quienes considera son los mejores profesionales en cada área. Junto a ellos tienen tantas ofertas que cumplir.

Marlon Puertas

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